Comer es una de las primeras actividades que descubrirá tu bebé. Es indudable que no siempre resulta sencillo saber qué alimentos deberías darle y en qué cantidad. Es normal que te surjan muchas preguntas: “¿A partir de cuándo se pueden introducir alimentos sólidos?, ¿qué menús debería prepararle?...” ¡Nosotros te ayudamos!
La Organización Mundial de la Salud
La Organización Mundial de la Salud (OMS)* ha recomendado que se informe a las mujeres gestantes y a las madres de recién nacidos de los beneficios y de la superioridad de la lactancia materna.
Las madres deberían ser aconsejadas sobre los aspectos prácticos de la preparación y el mantenimiento de la lactancia materna, así como de la importancia que tiene una correcta alimentación de la madre y de lo difícil que resulta reanudar la lactancia al pecho cuando se ha discontinuado.
Antes de utilizar un alimento para lactantes, las madres deberían ser informadasde las consecuencias socioeconómicas de esta decisión y de la importancia que para la salud del niño tiene una adecuada utilización de estos alimentos. Debería evitarse la introducción prematura de suplementos, incluso una alimentación parcial con biberón, debido a la influencia que pudiera tener sobre el desarrollo de la lactancia al pecho.
* Código internacional para la Comercialización de los sustitutos de la leche materna, adoptado por la Asamblea Mundial de la Salud en su resolución AMS 34-22, mayo 1981.
Un momento de amor para compartir juntos
La leche materna es el alimento ideal para el recién nacido: ¡le proporciona todos los nutrientes que necesita y cambia para acompañarlo en su propio desarrollo!
Evoluciona a medida que lo hace el bebé.
Desde el 1er al 5º día: El calostro, que es extremadamente nutritivo y fácil de digerir, ayuda al bebé a recuperar su peso de nacimiento.
Del 6º al 14º día: la leche de transición rica en algunos azúcares y grasas específicos, asienta las bases para la lactancia propiamente dicha.
A partir del 15º día: La leche materna madura empieza a proporcionar todos los elementos necesarios para un crecimiento armonioso y rápido.
La leche materna también cambia a lo largo de una sola tetada: al principio de la toma es más ligera y se va haciendo más rica a medida que ésta avanza para garantizar una máxima saciedad.
Cubre todas las necesidades del bebé.
Las proteínas adecuadas.
Hidratos de carbono, la principal fuente de energía.
Grasas, que proporcionan energía y el adecuado desarrollo del cerebro.
Pequeñas cantidades de sales minerales para no sobrecargar los riñones del bebé.
Hierro y vitaminas.
Agentes protectores (anticuerpos), ya que los bebés son incapaces, al principio, de crearlos por ellos mismos.
Los primeros biberones
La leche materna es el alimento natural e ideal para el recién nacido. Sin embargo, si optas por no darle el pecho o si no puedes hacerlo, existen leches infantiles que cubren las necesidades nutricionales de tu bebé. Cada biberón es, además, la oportunidad de compartir un momento inolvidable juntos
Pasar de la lactancia materna al biberón: mejor tomarse las cosas con calma.
Para empezar: un solo biberón al día, preferentemente en las horas centrales de la jornada. A la siguiente semana, dos biberones al día (continuando con un biberón en las horas centrales del día), y así sucesivamente. Lo más importante es que tu bebé no pierda nunca la confianza.
Antes de dar el primer biberón a tu bebé, pide consejo a tu pediatra, ya que sólo él puede recomendarte la leche que mejor se adapta a sus necesidades, y ayudarte a organizar el periodo en el que convivirán la lactancia materna y los biberones.
La esterilización se puede hacer en frío o en caliente. Sea cual sea el método que elijas, no olvides lavar los utensilios muy bien antes de esterilizarlos.
Cómo preparar el biberón: todo lo que necesitas saber.
Antes que nada...
La leche reconstituida es muy delicada y se puede deteriorar con facilidad. Debes tomar unas precauciones simples pero eficaces para evitar que esto ocurra.
Lávate las manos cuidadosamente antes de ocuparte de tu bebé. Especialmente, antes de prepararle el biberón.
Asegúrate de que el biberón, la tetina y la rosca están totalmente limpios antes de utilizarlos.
Cómo limpiar el biberón:
Hiérvelo en agua durante diez minutos, o esterilízalo con alguno de los múltiples sistemas que se ofrecen en el mercado, desde los esterilizadores líquidos hasta los esterilizadores para el microondas.
Consejos de preparación:
Una vez que hayas esterilizado el biberón, añade el número de medidas rasas de polvo que marque el envase al agua hervida y entibiada, como máximo a 40°C. Asegúrate de que el contenido de las medidas no esté compactado. Desecha el exceso de leche infantil sirviéndote de un cuchillo o del borde del bote.
El agua puede ser mineral, agua de manantial, o de uso corriente si no está muy mineralizada.
Cierra el biberón utilizando la rosca y la tetina esterilizados. Agítalo bien hasta conseguir una buena disolución del polvo en el agua. Comprueba la temperatura de la leche en el dorso de tu mano.
Utiliza únicamente la medida dosificadora del bote.
Después de abrir el bote, guárdalo en un lugar fresco y seco durante 1 mes como máximo.
Prepara sólo un biberón cada vez y utilízalo inmediatamente.
En el caso de consumir leche en polvo, si por comodidad u otras razones quieres preparar varios biberones al mismo tiempo, pon sólo el agua hervida en los biberones y guárdalos cerrados. Nunca debe agregarse la leche en polvo hasta el momento mismo de la toma.
Esta medida se hace innecesaria cuando se utiliza la leche líquida, puesto que se presenta ya preparada. En este caso, la única precaución que debes tomar es guardar siempre la leche sobrante en el frigorífico, como máximo 48 horas.
Con las leches líquidas basta agitar el envase, abrirlo y verter la cantidad correcta en el instante mismo de dar el biberón al niño. Si la leche está excesivamente fría, puedes calentarla al baño maría hasta que alcance la temperatura adecuada. Otra ventaja de la leche líquida es que, como no hay que efectuar mezclas, la dosificación es siempre segura y constante.
Sujeta a tu bebé en brazos mientras le das el biberón para evitar cualquier riesgo de asfixia. A la hora de dar el biberón, debes mantenerlo bien inclinado, de modo que la tetina esté llena de leche.
Después de cada toma:
Cuando concluya la toma, coloca al pequeño sobre el hombro y dale golpecitos en la espalda, con lo que le ayudarás a expulsar el aire sobrante.
Cuando hayas terminado, aclara cuidadosamente el biberón, la tetina y la rosca con agua para eliminar los restos de leche que hayan podido quedar. A continuación, lávalos cuidadosamente por separado, y mantenlos cubiertos con un paño limpio hasta la siguiente toma.
Utilizar agua sin hervir o biberones no esterilizados, o no reconstituir correctamente la leche infantil puede resultar perjudicial para la salud de tu bebé.
Como preparar el biberón