Un completo programa nutricional, adaptado a las necesidades de tu bebé.

Comer es una función esencial para el cuerpo humano.Pero también cultural.
Cada país y cada civilización han creado sus propios hábitos alimentarios. Transmitírselos a los niños es una de las bases de su educación.
Muchos profesionales de la salud opinan que disfrutar de una comida agradable y compartida es básico para mantener una buena salud tanto física como emocional. Después de todo, cualquiera sabe que comer estresado mientras, por ejemplo, se mira la tele, siempre sienta peor que si se come en un ambiente sosegado y tranquilo.


Comidas agradables para ti y para tu hijo

En resumen, si disfrutas tú también de las comidas familiares, conseguirás:
 Que tu bebé quiera imitarte
 Enseñar a tu bebé que comer es algo agradable y placentero
 Hacerte un bien a ti misma.

¿Cómo lo puedes conseguir?
 Encuentra recetas rápidas y fáciles, y ten siempre a mano los ingredientes básicos.
 Siéntate cómodamente a la mesa y tómate tu tiempo.
 Recuerda que te estás haciendo, además, un bien a ti misma.

Algunos consejos prácticos:

Cuando puedas, prepara la comida con tu bebé.
Enséñale lo que estás haciendo y explícaselo mientras lo haces. Hazle participar (aunque sea muy chiquitín, puede ir contigo a la tienda a comprar la fruta y la verdura). Ver que le haces partícipe y sentir que cuentas con él, hace que se sienta importante y valorado. Es un modo muy fácil de empezar a fortalecer su autoestima.
El sentido del gusto de un bebé no es el mismo que el de los adultos; normalmente es más sensible.
Al contrario de lo que pueda parecer, no es razón para privarle de alimentos de sabores fuertes (berza, queso, etc.), pero ofréceselos en pequeñas cantidades para que vaya acostumbrándose poco a poco.

Si a tu bebé le gusta un alimento:
Prepáralo a menudo y preséntalo de la misma forma para que pueda identificarlo y le resulte siempre agradable volverlo a comer. Más adelante, puedes modificar la receta y ofrecerle el alimento con distintas presentaciones más divertidas. Como por ejemplo con muñequitos, adornos,… Deja volar tu imaginación.

Haz que a tu hijo le guste la verdura:
La mayoría de las veces y, al contrario de lo que se pueda creer, los niños en general rechazan las verduras porque no les quitan el hambre como les gustaría. Por eso, puedes:
 añadir un poco de arroz, trigo o pasta para contrarrestar esa sensación, y hacer que aprecien el sabor de las verduras al mismo tiempo que satisfacen su apetito;
 cocinar la verdura al gratén, para hacerla más sabrosa.