Un completo programa nutricional, adaptado a las necesidades de tu bebé.

Por fin ha llegado la hora de conocer a tu hijo. El parto constituye la culminación de nueve meses de embarazo, y de su buen desarrollo depende que el nacimiento sea un éxito para el niño y para la madre. Conviene anticiparse a cualquier contrariedad para vivir este momento decisivo con tranquilidad y confianza.



¿En casa o en el hospital?

Antes de decidirte por una cosa u otra deberías informarte bien sobre cuáles son tus posibilidades de parto. Si tu embarazo ha transcurrido con total normalidad, posiblemente no exista ningún problema a la hora de elegir. De hecho, actualmente ha vuelto a aumentar el número de mamás que deciden tener a sus bebés en su propia casa y en manos de una comadrona.

De todos modos, lo más aconsejable es seguir el consejo del doctor que lleva tu embarazo. Recuerda que: no todas las mamás pueden prescindir de un equipo médico completo a la hora de dar a luz, ni todos los hospitales disponen del mismo tipo de instrumental médico, en caso de que -para tu parto- sea recomendable algún tipo de intervención especial.

Si puedes escoger, y te has decidido por tener a tu bebé en casa, pídele a tu doctor que te informe de todos los requisitos necesarios: es obligada la presencia de una comadrona y muy recomendable contar con una ambulancia por cualquier tipo de eventualidad que pudiera surgir durante el parto.


Respecto a la elección del centro médico

Si eliges el Sistema Nacional de Salud, es conveniente enterarse con suficiente antelación de cuáles son los requisitos formales para tramitar tu ingreso en la sección de obstetricia del hospital. En el caso de pertenecer a una mutua privada, la elección del centro médico se basará en el tipo de parto que hayas acordado con el ginecólogo.

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La canastilla del bebé

¿Preparada para el gran día? ¿Qué debes llevar al hospital?

El camino hacia el hospital es un momento importante. Papá está muy nervioso y tú sólo puedes pensar en los intervalos de las contracciones. ¡Ya llega el bebé! Para que no tengas que preocuparte cuando llegue el momento, te damos algunas ideas para preparar tu maleta y la de tu bebé.

La canastilla del bebé:
La lista del ajuar de tu bebé varía dependiendo de dónde vas a dar a luz. Sin embargo, el ajuar básico suele ser el mismo:
 de 6 a 8 buzos o camisetas,
 6 pijamas de una pieza,
 4 pares de calcetines o patucos,
 3 pijamas de dos piezas,
 3 chaquetas de lana,
 1 gorro caliente,
 6 baberos,
 2 o 3 toallas,
 pañales para recién nacidos,
 opcional: una bufanda o un peluche para decorar su cuna,
 y 1 manta, o un saco de dormir para bebés, para la vuelta a casa.

Para llevar a tu bebé a casa, coloca en el coche un portabebés o un asiento de seguridad para bebés.


Además, no olvides que tú también necesitarás unas cosillas para tu estancia en el hospital...
 1 albornoz,
 3 o 4 pares de pijamas o camisones con los que puedas dar el pecho,
 2 o 3 camisetas que puedas ponerte durante el día,
 una chaquetilla, por si acaso...,
 2 o 3 pares de calcetines y 1 par de zapatillas,
 5 toallas y 3 toallitas para la cara,
 para dar el pecho: 2 sujetadores especiales, parches y equipación especial para los pezones
   (de acuerdo con la información que te faciliten en el hospital),
 braguitas desechables: 2 docenas,
 una bolsa de plástico para la ropa sucia,
 tus productos faciales,
 tu neceser,
 libros,
 un walkman o un reproductor MP3,
 tu agenda telefónica,
 y una cámara.

Posiblemente, el hospital en el que darás a luz te facilitará una lista detallada de lo que necesitarás durante tu estancia.

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¡Ya está aquí!

¡Por fin! ¡Es la hora! Es un momento de excitación y nervios, pero... ante todo, debes intenar relajarte. Deja que los demás se preocupen por las cosas secundarias. Tú debes concentrarte en lo tuyo. Además, saber cómo va a suceder todo puede ayudarte a tomar mejor tus decisiones.


¿Ha llegado el momento?

Los síntomas de que el parto se acerca son variados. En la mayoría de las ocasiones el primer aviso es la aparición de contracciones uterinas, una oleada de malestar en el abdomen que alcanza su punto culminante y luego disminuye, para repetirse al cabo de unos minutos con intensidad creciente.

Otras veces puede existir una pérdida de líquido amniótico, lo que comúnmente se denomina "romper aguas", antes de las contracciones. En algunas mujeres la ruptura del saco amniótico se produce más tarde, e incluso si ocurre en una fase temprana puede hacerlo como un leve goteo que pasa casi inadvertido. En ocasiones, también se aprecian pequeñas pérdidas de sangre, de textura viscosa.

Para determinar cuál es el momento de ir al centro médico deben cronometrarse las contracciones. Cuando aumenten su frecuencia e intensidad, habrá que recoger la maleta e ingresar en el centro escogido.

En estos momentos cruciales, y durante el alumbramiento mismo, toda mujer debería contar con el apoyo de una persona allegada. Su compañía y sus ánimos le serán fundamentales.



Elección de posición

Actualmente la mayoría de mujeres dan a luz acostadas, por numerosos motivos:
 Facilita los exámenes vaginales.
 Posibilita la eventual aplicación de determinados tipos de anestesia.
 Permite el descanso de la mujer en las fases intermedias del alumbramiento.

Sin embargo, y puesto que empujar en sentido horizontal desafía las leyes de la gravedad, inhibiendo la expulsión del niño y la placenta, hoy es común parir en posición semivertical, con la espalda en la mesa de partos.



Las 3 etapas del parto

DILATACIÓN
Se producen unas contracciones en la matriz para el ensanchamiento del cuello uterino. Las contracciones son movimientos cadenciales de los músculos que se inician en la región lumbar y descienden hacia el abdomen. Lo mejor que puedes hacer es adaptarte a su ritmo sin oponer resistencia.
Esta etapa puede durar varias horas y es la más pesada para la madre, por lo que la presencia de una acompañante se hace muy aconsejable.

EXPULSIÓN
Esta etapa tiene una duración menor o similar a la de la dilatación.
El cuello uterino está completamente dilatado y las contracciones fuertes desaparecen durante un tiempo, siendo sustituidas por una necesidad instintiva de empujar. Tras el breve reposo, el útero se contrae al máximo de su capacidad y empuja al bebé hacia la salida, con unas contracciones incesantes que se encadenan en secuencias de tan sólo dos minutos.
Por fin, asomará la cabeza del niño, que entre una contracción y la siguiente coronará la abertura vaginal, concluyendo los esfuerzos de la madre. En segundo lugar aparecerán los hombros y luego se deslizará hacia el exterior el resto del cuerpo. Lo más común es que el niño rompa a llorar, signo inequívoco que los pulmones funcionan.
Es éste momento único. Tras nueve meses de espera al fin puedes contemplar y tocar a tu hijo. Pide a la comadrona que lo tienda sobre tu abdomen desnudo y abrázalo, dándole tu calor.

EXPULSIÓN DE LA PLACENTA
La expulsión de la placenta y de las membranas ovulares no dura más de media hora. Durante esta fase y tras la salida de la placenta, el tocólogo revisará la vía del parto y suturará la episiotomía (incisión hecha entre la vagina y el ano para evitar el desgarro) en el caso de haberla practicado.



El dolor

Toda embarazada debe informarse sobre las opciones que se le ofrecen para aliviar el dolor, que pueden ir desde la anestesia local hasta el alumbramiento con plena conciencia. Siempre será el tocólogo quien mejor te aconseje.

Por lo común basta con la anestesia local; la general se reserva sólo para determinados partos con cesárea. La anestesia epidural, que se aplica en la espalda a través de un catéter, posee todas las ventajas sin afectar a la conciencia ni la lucidez mental de la madre, ni afectar negativamente sobre el feto. Su único inconveniente es que necesita un tiempo de preparación, y no siempre se dispone de él.



El parto asistido y la cesárea

Si tu embarazo va por buen camino, habla con tu médico sobre si quieres dar a luz naturalmente o recurrir a la epidural. La epidural es una inyección que duerme la mitad del cuerpo, la región lumbar, durante el parto.

LA CESÁREA
Se practica bajo anestesia una incisión en el vientre de la embarazada y se extrae al bebé por esta vía. La incisión suele realizarse en el bajo vientre y en sentido horizontal por razones estéticas y porque cicatriza con mayor facilidad.
Según los motivos que la provoquen, la necesidad de una intervención de cesárea puede preverse con bastante antelación, o bien practicarse más urgentemente porque se presenten complicaciones durante el parto vaginal.



¿Qué implica la epidural?

La epidural es una intervención médica cuyo objetivo consiste en reducir el dolor de la madre durante el parto. Sólo se utilizará en el parto a petición de la paciente. La epidural elimina o calma los dolores del parto, otorgando a la paciente comodidad y relajación.



¿Qué necesitas saber respecto a la epidural?

La epidural no garantiza la eliminación del dolor. De hecho, no siempre funciona. También puede suceder que la paciente sólo sienta los efectos en un lado. Una dosis demasiado alta puede hacer que la paciente no tenga ninguna sensación, lo cual puede ser frustrante ya que no sabrá cuándo está empujando.

Aunque la epidural es muy práctica, muchas mujeres prefieren dar a luz sin recurrir a ella. Sea cual sea tu elección, debes saber que, una vez dilatado el cuello del útero después de cierta etapa, la epidural ya no es posible.

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